EDITORA
Cultura ingobernable –que lleva el subtítulo «De la cultura como escenario de radicalización democrática y de las políticas que lo fomentan»– es un libro que tenía ganas de leer ya mucho tiempo antes de que se escribiera. Quizás hace ya cinco o seis años que empecé a repetirle esporádica pero insistentemente a Jazmín Beirak una idea: «Sobre todo esto tienes que escribir un libro».
Diría que, del mismo modo, el trabajo de coaching, consultoría, acompañamiento, psicóloga editorial y lectora hipercrítica que realicé con este libro empezó también algunos años antes de que Jazmín se sentara a escribirlo. Por fortuna, estaba el editor Emilio Albi, de Ariel, para ponerle finalmente una fecha concreta a ese «deberías». Desde ese momento, mi papel fue el de una figura cuya intervención es habitual en el panorama editorial del mundo anglosajón, pero no demasiado –al menos hasta la fecha– en el español: el de la consultora de narrativa o storytelling coach.
La labor de la consultora narrativa no consiste en realizar una revisión, lectura crítica o edición de un manuscrito ya acabado, sino en acompañar a la autora desde el momento anterior a que empiece a escribirlo. Se trata de facilitarle la toma de algunas decisiones creativas, de estilo y comunicativas –sobre cuestiones como el tono, el punto de vista, la estructura, el ritmo, el estilo, la ordenación y las referencias intertextuales, la documentación y las referencias externas…, y de esos otros mil elementos que forman un texto y que a menudo pueden convertirse en abismos paralizantes– de modo que llegue a escribir un texto atractivo, inteligible y útil para el público al que la autora desea interpelar. El papel de un consultor narrativo es distinto al de un editor (aunque casi todos los editores hacen también, en mayor o menor grado, algo de coaching con los autores con los que trabajan) y, a mi juicio, su intervención debería ser mucho más frecuente en la escritura de no ficción en español.
Contar con el apoyo de una consultoría narrativa permite a quienes escriben sortear los bloqueos, ensayar abordajes, tonos y estructuras y, sobre todo, desacralizar esa noción intimidante que mucha gente guarda de lo que significa «Escribir Un Libro», pues lo convierte en un ejercicio disfrutable y compartido de conversación. En mi experiencia, el proceso de escritura se vuelve mucho más creativo, experimental y lúdico. Que Jazmín Beirak y yo nos lo pasamos muy bien durante el proceso creativo de Cultura ingobernable creo que es algo que transpira en casi todas sus páginas.
