AUTORA
La vida de Hedy Lamarr, tal como lo fue ella misma, es la bomba total. Empezó estudiando ingeniería en la Viena de la agitación cultura de principios del siglo XX y terminó siendo una de las actrices más admiradas de la época dorada de Hollywood e inventando una tecnología precursora del wifi. Por el camino, estudió cine en el Berlín de los años 30 con el renovador del arte Max Reinhardt, protagonizó el primer orgasmo femenino de la historia del cine, se escapó de un marido colaborador de los nazis que la tenía encerrada en un castillo -llevándose consigo un montón de secretos sobre la tecnología militar de los nazis-, atravesó Europa entera y el océano Atlántico huyendo de sus secuaces, llegó a Nueva York convertida ya en fichaje de Metro-Goldwin-Mayer, diseñó una bebida de cola en pastillas, un avión para Howard Huges y un sistema para teledirigir torpedos por radiofrecuencia que estaba basado en una orquesta de pianolas de un músico dadísta. Y todo ello rodeada de gente que no hizo más que decirle, toda su vida, «eso no se puede, Hedy, tú pon cara de bonita». Hedy Lamarr fue también la mujer que dijo que lo de verse guapa no era tan difícil: «Cualquier chica puede parecer atractiva. Todo lo que tienes que hacer es quedarte quieta y parecer estúpida». Una genia de la humanidad.
